Ermita de Santa Ana y San Antonio, Sopuerta

LA CAMPA DE SANTA ANA Y SU ERMITA: DEVOCIÓN, TRADICIÓN Y FIESTA.

Queremos agradecer desde esta pagina la gran ayuda que nos están aportando desde Sopuerta las Hermanas Saratxaga, Aitziber y Arantza, desde luego se agradece que compartáis con nosotros vuestras investigaciones y la pasión por vuestra tierra, se nota en cada letra.

Todo el texto y la fotografías de las que vamos a disfrutar ahora son de ellas.

!!GORA ENKARTERRI!!

Una amplia arboleda con frondosos y viejos plátanos que hacen que siempre se esté fresco en verano. Una pequeña ermita entre los árboles. Risas de niños y niñas en los columpios. El inconfundible sonido de las bolas al chocar contra los bolos en el carrejo. De fondo, el murmullo del río. Y si cierras los ojos y escuchas, tal vez, el bramido lejano de aquellas vacas y ovejas que venían a la famosa feria San Antonio, o quizá el eco de aquel pasodoble con el que bailaste por primera vez, o aquellos conciertos que te hacían vibrar durante toda la noche hasta el amanecer. Y el sabor ,….el sabor a barquillos, a filetes empanados y sardinas, a ” matambres “(guisado minero) , a churros y manzanas recubiertas de caramelo, a kalimotxo y a talo y txakoli, el sabor a feria y a fiestas.

¡Cuánta vida en la campa de santa Ana ! ¡Y cuantas generaciones disfrutando en este mismo lugar a lo largo de los siglos! Son tantas las historias que la Campa de Santa Ana podría contar…

Hoy 26 de julio, día de Santa Ana, puede ser un buen momento para acercarte una vez más hasta aquí y, mientras disfrutas de este agradable paraje de nuestro pueblo, conocer un poco mejor su historia. ¿Me acompañas?

LA ERMITA ANTIGUA

¿Sabías que antes de la ermita actual hubo antiguamente otra ermita que estaba situada en la parte baja de la campa? Según recuerdan los mayores se hallaba aproximadamente entre los restos del kiosko y la entrada al bar de las piscinas.

Desconocemos el origen de esta primitiva ermita, pero sabemos que ya existía en el siglo XVIII porque aparece en viejos legajos de la época.

Por aquel entonces parece que la ermita estaba dedicada a San Cristóbal y San Antonio o, al menos, eso podría deducirse de un importante documento, conservado en el Archivo Histórico de Bizkaia: una copia simple del privilegio real concedido en el año 1740 por el rey Felipe V al concejo de Sopuerta para que pudiera celebrar una feria anual “por espacio de ocho días continuos desde el 13 de Junio ( San Antonio) en adelante en el campo de la ermita de San Cristóbal”.

Esta feria, conocida popularmente como “ la feria de San Antonio”, se celebraría desde entonces y a lo largo de más de doscientos años en lo que hoy es la campa de Santa Ana, siendo uno de los acontecimientos del año más importante para nuestros antepasados soportanos/as. Una feria que llegó a celebrarse hasta los años sesenta del siglo XX y de la que aún se acuerdan perfectamente muchos vecinos y vecinas del pueblo y que refleja la importancia que la ganadería llegó a tener en la historia de Sopuerta.

Por su parte, J. R. Iturriza, en su libro Historia de Vizcaya ( 1785) también nos dice que la ermita estaba bajo la advocación de San Antonio y San Cristóbal.

Y, según recogen otros historiadores, hay además un auto de visita del obispo de esas fechas por el que se ordenaba que ” de la ermita de San Cristóbal y San Antonio se quite la efigie de San Cristóbal y se haga otra bien hecha, que se ponga un ara en el altar de San Antonio y se reforme la capilla principal”.

Sin embargo, en la mayor parte de los documentos conservados que hablan de esta antigua ermita se la menciona únicamente como ermita de San Antonio y así le llaman también a la campa situada a su alrededor.

Es aproximadamente hacia mediados del siglo XIX, cuando empieza a ser denominada también como ermita de Santa Ana, apareciendo citada en distintas publicaciones de la época como “ermita de San Antonio y Santa Ana”. Y A. Trueba, por su parte, la nombra como de “San Antonio de Padua, Santa Ana y San Cristóbal”.

Sobre el edificio de esta antigua ermita sabemos que en el año 1767 se emprendió una obra de reforma de gran envergadura y que debió suponer prácticamente su nueva reedificación puesto que implicó la demolición de la espadaña y la pared y arco que estaba debajo de ella. Según se establecía en las condiciones, la piedra necesaria para la obra se había de sacar de las canteras del Hoyo, aunque también se especificaba que tendría que reaprovecharse el material procedente de la demolición del anterior edificio.

Sabemos que adosada a la ermita existió también una casa usada como vivienda del ermitaño que se encargaba de su cuidado. En 1826, por ejemplo, vivía en ella Tomasa Garay, de 40 años, viuda, y de ocupación “ santera”, con su hijo José que tenía entonces 18 años.

Pero a principios del siglo XX el desarrollo de la minería en el municipio traería como consecuencia la desaparición de esta antigua ermita.

En 1911 el Ayuntamiento concedía permiso a los propietarios de Lavaderos de Minerales para establecer una balsa de decantación en la zona de Santa Ana. Canales de madera llenos de agua y lodos procedentes de los lavaderos de minerales unieron entonces las minas con este paraje, y aunque se construyó un dique de contención para evitar perjuicios en la zona de la ermita, no debió de ser suficiente. Ya en 1918 se leía en el Ayuntamiento un informe sobre los desperfectos ocasionados en la ermita a consecuencia de las aguas de la balsa. Y en 1920, a petición del párroco, se procedió a la clausura de la ermita. Desde ese momento el Ayuntamiento intentó que los dueños de los lavaderos de minerales se hicieran cargo de los perjuicios ocasionados y se empezó a pensar en el traslado de la ermita a otro emplazamiento. Pero las negociaciones se fueron dilatando y parece que hasta 1930 no se llegó a un acuerdo. En esa fecha se redactó un convenio de liquidación por el que la Sociedad de Lavaderos de Sopuerta pagaría al Ayuntamiento una determinada cantidad de dinero en metálico y el Ayuntamiento cedería a la sociedad “el terreno ocupado por la ermita y construcciones que el ayuntamiento se propone derribar para reconstruir la ermita en sitio más apropiado”.

Poco después, se formó una comisión para la construcción de la nueva ermita y hasta se abrió una suscripción popular para recaudar fondos. Pero la realidad es que fue pasando el tiempo, llegó la guerra y aún habría que esperar bastantes años para que el proyecto de la nueva ermita de Santa Ana y San Antonio se convirtiera en realidad.

Durante toda esta época “sin ermita”, las fiestas siguieron celebrándose y como curiosidad merece la pena contar que durante años en estas fechas se concedía permiso para que un bote circulara por “ aguas del estanque sito en Santa Ana”.

Sin duda, uno de los recuerdos más especiales que nuestros mayores guardaron de aquellas antiguas fiestas de Santa Ana.

LA ERMITA ACTUAL

En junio de 1948 una comisión constituida por “varios hijos de Sopuerta” solicitaron al ayuntamiento la licencia para construir “una ermita dedicada a Santa Ana en el campo de su nombre y como sustitución a la que desapareció en referido lugar”.

El ayuntamiento concedió el permiso y además acordó aportar 5.000 pesetas para las obras, cuyo presupuesto estaba calculado en más de 100.000 pts. Esta cantidad fue cubierta casi en su totalidad por las familias donantes, que en su mayoría eran naturales de Sopuerta y residentes en América.

El proyecto de la ermita fue encargado a Juan Amesti Izaguirre, reconocido arquitecto de Santurtzi, que fue también quien hizo en Sopuerta el Colegio de San Viator más o menos por esas mismas fechas.

Las obras de la ermita se realizaron a lo largo de 1949 y el 26 de julio de ese mismo año, festividad de Santa Ana , fue inaugurada por todo lo alto organizándose unas fiestas de Santa Ana como nunca antes se habían visto. Los periódicos de la época se hacían eco de las mismas y para dar idea de lo extraordinarias que serían destacaban que “ al solo objeto de cooperar y participar en ellas vienen de México en un avión especial 12 hijos de Sopuerta”.

La ermita de Santa Ana es de estilo neovasco y constituye uno de los escasos ejemplos de su tipología en la arquitectura de Bizkaia de este periodo. En ella se puede apreciar un hábil uso de los recursos propios de este estilo: mampostería vista, hierros de huecos, cubierta de amplios vuelos sustentada sobre puntales y remate con una espadaña de campana.

En su interior están las imágenes de San Antonio y Santa Ana. Y además otra imagen de San Joaquín.

En la actualidad se celebra misa en esta ermita el 13 de junio ( San Antonio) y el 26 de julio ( Santa Ana).

Hoy, día de Santa Ana, queremos tener un recuerdo especial para todas amamas y aitites, para todas aquellas personas que a lo largo de la historia han colaborado con sus ganas, esfuerzo e ilusión en conservar esta ermita y sus fiestas .

Y un recuerdo especial también para Leonorín , que con tanto cariño cuidó día a día y en silencio de esta ermita de Santa Ana.

 

Lo dicho, Aitziber Saratxaga, Arantza Saratxaga, Muchisimas gracias.